Perdiste tu nombre por pánico a la consecuencia,
por ojos ajenos, por no querer darte cuenta,
inventaste a la musa que arrastra tu huella incolora,
destruiste madrugadas para crear desvelo,
aun cuando sabías,
te hacías ignorante por comodidad...
Sin olvidar ocasión de humillarme,
te prestas a declarar palabras desconociendo significado,
esas que se extravían en tu coraza
cuando vuelves la cara,
para ser ciega otra vez...
No querías herirme?
Como adorabas saborear la mentira,
que inflamaba mi sangre...
Placentera tu sensación de observar como alguien
te mira desde el suelo,
mientras se deja atropellar por tu cobardía...
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